Se busca Portero (oficio de alto riesgo)

Fondo de nubes sin estrellas

En toda la historia de la iglesia ha habido muchos porteros santos, hombres y mujeres de diferentes órdenes religiosas y países, en colegios, conventos, hospitales, despachos parroquiales…  lo que parece indicar que una portería puede ser un gran lugar de santificación.

Yo conocí un fraile, portero de la iglesia de un pueblito. Tenía un corazón muy blando, pero con un mal genio que había sido muy difícil de controlar, pero él lo logró y me contó el secreto de su cambio. Es que este oficio puede considerarse uno de los más humildes, y aunque no se exigen altos estudios para el puesto, no es nada fácil. El requisito indispensable es tener vocación a la caridad. Sí, vocación a la caridad, con todo lo que eso significa. Me explicó este fraile que ser portero es un oficio de alto riesgo y resistencia, si consideramos que lo más difícil de este mundo es atender público diverso y vivir entre quejas y críticas. Gente exigente, impaciente, ignorante, hambrientos, tristes o felices. A la puerta llega de todo y a todos hay que recibir y escuchar con infinita paciencia, para orientar, para informar. En la mayoría de las personas, detrás de su apariencia exigente se muestra una gran hambre de Dios, hambre de ser escuchado, hambre de consuelo. A la portería llegan almas destrozadas por el sufrimiento que descargan su dolor maltratando y exigiendo. El portero santo se vuelve paño de lágrimas de la gente, amigo, confidente. Su oficio es abrir la puerta y dejar entrar a la gente a la casa de Dios para que se alimente con su palabra y su pan. El que llega a esa portería debe descubrir en el humilde servidor el rostro de Dios que recibe y abraza al que le busca.

Este portero que conocí, muchas veces sintió que no le daban las fuerzas para seguir, porque se le acumulaba el trabajo y eran muchos los que venían a pedir ayuda por verdadera necesidad y los que le hacían perder la paciencia por exigencias absurdas, como los que venían por combos de sacramentos y catequesis express. En sus oraciones le pedía a la Virgen que lo ayudara porque no daba más, le pedía ayuda a todos sus colegas porteros santos, pero nada pasaba, la ayuda tardaba y su carácter se agriaba cada día más.

Parece que tocaba fondo y mostraba un rostro desfigurado de nuestra Iglesia.  Los parroquianos se quejaron para que lo botaran porque respondía mal, así que, decidió ahorrar palabras y a las preguntas respondía con un gesto con la boca apuntando a una cartelera con la información, desperdiciando así el momento para dar mini catequesis muy oportunas.

Un día la respuesta del cielo llegó al portero cansado y agobiado, nadie sabe cómo, pero apareció en la portería un cuadro muy bien envuelto, que tenía pintado un crucifijo y de la cruz colgaba un gran rosario. Quedó tan impactado con la imagen que buscó una escalera y lo colgó justo al frente del lugar desde donde atendía a la gente. Cada vez que venía alguien y le hacía perder la calma, alzaba la mirada y veía al crucificado y sentía la voz tranquilizadora de la Virgen, que le decía: “yo te ayudo” y en silencio rezaba un avemaría y así fue tan grande el cambio que todos estaban asombrados. Estaba viendo a Cristo entre los que padecían como él.

Hoy Jesús busca “santos porteros” frailes, religiosas, laicos, que abran la puerta del corazón para llevar a la gente hacia Dios. Mostrando su rostro misericordioso, predicando desde la caridad para atraer y no alejar ni escandalizar a nadie. Somos aprendices de porteros de Dios abiertos a la gracia para entrar y ayudar a entrar a nuestros hermanos. ¡El riesgo es la santidad!

JM

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