
Traían la imagen de San Agustín. Cuando el que la cargaba en brazos nos vió exclamó entre impresionado y triste: ¡Desapareció el corazón de esta imagen! Los que escuchábamos esta noticia nos preguntábamos: ¿Se cayó cuando la movieron? ¿Acaso la robaron? ¿La tomó consigo algún devoto impulsado por su celo exagerado? No pudimos saber el motivo de dicha desaparición. Lo que realmente importa es que todos caigamos en la cuenta de la importancia y gran provecho de tener una verdadera devoción a este gran santo, hoy más actual y necesario que nunca.
Teniendo el corazón de San Agustín podemos tener la seguridad de que vamos por el camino correcto, el camino que nos lleva al Cielo. Con el santo africano conocemos a Dios por el amor y nos conocemos de verdad, en profundidad a nosotros mismos. He aquí la verdadera Sabiduría. Si la buscamos y la valoramos de verdad tenemos la Felicidad y Salvación eterna. Para evitar la simple curiosidad hemos de ser buscadores de la Verdad, convencidos de que ahí está lo que tanto ansía nuestro corazón personal.
Buscando a Dios que es la Verdad encontramos la Felicidad. Ahí está el secreto, la clave de nuestra grandeza personal, de nuestra categoría divina, ahora en el tiempo y por toda la eternidad ¿Cabe mayor felicidad?
J. Luis Alonso OAR
