
Puede parecer poca cosa, pero incluso cargar un rosario trae muchos beneficios espirituales para quien desea de verdad entrar en la vida eterna
Rezar el santo Rosario es una manera innegable de alcanzar gracias divinas dispensadas por intercesión de María Santísima. Pero portar una caléndula – como también se le llama al cordón con cuentas que usamos para repasar cada Ave María – puede ser una manera de encontrar el camino a la vida eterna.
Una historia narrada por un santo
San Luis María Grignion de Montfort era un enamorado de la Virgen María. Y estaba convencido del poder del rosario, por eso escribió un libro para recomendar a todos que no dejaran de rezarlo y promoverlo. Entre todas esas provechosas líneas, encontramos en El secreto admirable del santísimo Rosario una historia que mucho nos hará reflexionar:
«La Santísima Virgen no favorece solamente a los predicadores del Rosario; también recompensa gloriosamente a aquellos que, por su ejemplo, atraen a otros a esta devoción.
A Alfonso, rey de León y Galicia, que deseaba que todos sus criados honrasen a la Santísima Virgen con el Santo Rosario, se le ocurrió, para animarles con su ejemplo, llevar ostensiblemente un gran Rosario, aunque sin rezarlo, lo que bastó a obligar a todos sus cortesanos a que lo rezaran devotamente.
El rey cayó gravemente enfermo y cuando le creían muerto fue transportado en espíritu al tribunal de Jesucristo, vio allí a los demonios, que le acusaban de todos los crímenes que había cometido, y cuando iba a ser condenado a las penas eternas, se presentó a su favor la Santísima Virgen delante de su divino Hijo.
Se trajo entonces una balanza, se colocaron todos los pecados del rey en un platillo, y la Santísima Virgen colocó en el otro el gran Rosario que él había llevado en su honor, juntamente con los que, gracias a su ejemplo, habían rezado otras personas, y esto pesaba más que todos sus pecados.
Y después, mirándole con ojos compasivos, le dijo:
«He obtenido de mi Hijo, como recompensa del pequeño servicio que me hiciste llevando el Rosario, la prolongación de tu vida por algunos años. Empléalos bien y haz penitencia». El rey, vuelto en sí de este éxtasis, exclamó:
«¡Oh bendito Rosario de la Santísima Virgen, por el que fui librado de la condenación eterna!» Después que recobró la salud pasó el resto de su vida con gran devoción al Santo Rosario y lo rezó todos los días».

La recomendación para todos
San Luis Grignion concluye esta enseñanza con una exhortación que es válida para nosotros:
«Que los devotos de la Santísima Virgen procuren ganar cuantos fieles puedan para la cofradía del Santo Rosario, a ejemplo de estos santos y de este rey; conseguirán en la tierra la protección de Nuestra Señora y luego la vida eterna».
«Los que me den a conocer tendrán la vida eterna» (Eclo 24, 31).
Que esta historia nos anime a traer un Rosario con nosotros, pero sobre todo a rezarlo y a difundirlo con devoción.
Mónica Muñoz ALETEIA
