Aniceta… El amor hace milagros

ANICETA era una mujer sola, pobre de verdad. No tenía familia y tan solo un mono era su compañía. Su aspecto personal era muy lamentable. La sucie dad corporal, la ropa vieja y sucia y su cabello desarreglado provocaban lástima en cuantos la veían. Vivía de un lado para otro, sobreviviendo con la ayuda de la gente.

Un día unas monjas carmelitas la vieron y la invitaron a su convento. Ella aceptó con alegría. La acogieron como si fuera un familiar suyo. La bañaron, le facilitaron ropa nueva, la alimentaron y cuidaron de ella con todo amor.

El cambio que se produjo en esta mujer era impresionante. Parecía otra. Ella, al comprobar el cariño de las monjitas, abrió su corazón de par en par. Manifestó que tenía una dolencia crónica y no sabía decir sino que la dolía y la hacía sufrir mucho. Las monjitas hicieron las diligencias correspondientes para llevarla al hospital, en donde quedó internada. Los médicos la revisaron y el resultado fue: cáncer.

El comportamiento de esta mujer fue algo sorprendente. En los pocos días que permaneció con las monjas carmelitas aprendió a ofrecer sus sufrimientos con Jesús. Y aprove chó su estadía en el hospital para compartir el amor que había recibido de las carmelitas con los internados en su mismo hospital en donde ella se encontraba. Con toda sencillez y alegría animaba a todos, a cada enfermo a sufrir con Jesús, a valorar y aprovechar su Amor personal.

Todos los que la conocieron anteriormente se admiraban del cambio producido en ella. Anteriormente daba lástima. Ahora ella era un mensaje de esperanza, de ánimo y fe. El Amor, sincero y desinteresado de las monjas carmelitas había logrado un cambio, un verdadero milagro. El testimonio de Aniceta era muy elocuente. El Amor se hacía visible, comprensible en una mujer, pobre, analfabeta, que lo compartía con mucha paz y gozo.

P J. Luis Alonso OAR

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