Hay un sencillo instrumento que te hace Luz y Sal…

Sin luz no ves la receta y alteras las cantidades, falta algo, sobra mucho, y no es bueno para nadie. La comida con muy poca sal no es sabrosa y con exceso de sal es incomible y puede matarte.

¿Quieres condimentar sin que falte ni sobre nada? El Rosario puede ayudarte a encontrar luz y sabor.  No es una receta de cocina, sino una receta para el alma. Es seguir la fórmula de las Bienaventuranzas y dejar que Dios actúe. Es ser luz y sal en lo sencillo como lo hizo María.

Es tu decisión, si estás dispuesto a rezarlo, si te aventuras a meditar, a arriesgar un poco más, a encontrar un sabor más fuerte, un alimento para aquellos que van creciendo en la fe.

Lo primero es prender la luz de la humildad y revisar si estás apagado o escondido. Chequea bien, porque si perdiste el verdadero sabor es tiempo de recuperarlo.

¿Exceso de sal? El fanatismo es exceso de sal, hace daño y no es la medida que Dios nos pide para ponerle sabor de Cristo al mundo. Puede matar cualquier buena intención.

¿Insípido, sin sal? El cristianismo a la carta no tiene sal, es permisivo, con sabor y color artificial, light, con buena pinta, pero sin experiencia de Dios. Parece sal, pero no tiene sabor a Evangelio.

El Rosario te ofrece luz y sal en lo sencillo, para vivir la Verdad, a la luz del Evangelio, con sabor a eternidad. Rezar no es repetir sin sentido, no es tragar sin masticar. Es saborear la Palabra para poder condimentar los corazones, es llenarte de la Luz para poder alumbrar. Es disfrutar el sabor del cielo para dar sabor al mundo.

Deja que Dios te ilumine, saborea su Palabra, cada Misterio es una oportunidad, un tema para profundizar. Cuando te quedas en la superficie no disfrutas el verdadero Sabor, no distingues los matices, pierdes la mejor parte.

La medida de luz y sal sólo la pone el Amor.  Vamos seguros, confiados porque Dios hace la obra, nosotros sólo somos sus colaboradores. Dios sigue llamando y confiando porque, hasta de los males saca bienes. La receta es confiar en Él.

Prende la luz de tu bautismo, comparte tu fe, agradece, usa tus talentos para servir a los demás, ponle sabor de Cristo al mundo.

Recuerda que el Rosario de María es sal que conserva la fe, y luz que la hace crecer. La Luz es el mismo Cristo que contemplas en cada Misterio. De la mano de María aprendes a caminar como hijo de la Luz y alumbran tus buenas obras, porque reflejan a Dios.  

¿Cuánta Luz y cuánta Sal puedes ponerle tú al mundo? La medida es el amor y no falla quien confía en Dios

Ina OP

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