¡Una vida de fe con un final admirable!

Esta historia me la compartió un sacerdote.

Esta es una vivencia y experiencia de todo sacerdote: encontrar personas que han vivido llenas de fe viva y con esperanza gozosa que, al partir de este mundo para regresar al Corazón de Dios Padre, nos emocionan y animan a valorar la Vida divina día tras día, impulsándonos a esperar, a anhelar el Cielo: la Felicidad sin fin. Todas y cada una de estas personas nos recuerdan con su ejemplo : Esta es nuestra verdadera Sabiduría, nuestra única riqueza.
Y, aunque no nos lo digan con la boca, con su ejemplo nos dicen, nos traen a la memoria lo que dice el famoso verso: » El que se salva, sabe y el que no no sabe nada».


Dicho sacerdote fue llamado a atender espiritualmente a un hombre que se encontraba muy limitado en su salud. Quería fortalecerse con los sacramentos antes de partir de este mundo y encontrarse con Dios. El sacerdote le escuchó con amor y gozo y, tras darle el Perdón de Dios, le administró el sacramento de la unción de los enfermos. Al terminar el enfermo le dió las gracias de todo corazón, y cuando estaba a punto de marchar, le rogó que, por favor, llamara a su esposa e hijos. Quería despedirse de cada uno de ellos. Cuando todos ellos se hicieron presentes el enfermó les dijo: Quiero irme al Cielo pero antes de todo deseo despedirme – con todo mi cariño – de ustedes a los que tanto amo y pedirles un último favor: Canten conmigo: «Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la Casa del Señor » Les espero en el Cielo.
¡Qué hermoso testimonio de fe, de fervor! Tras una vida de comunión, amorosa y gozosa, con Jesús, la muerte es una pascua, una explosión de vida, una experiencia indescriptible de eternidad y felicidad sin fin.

Los santos afirman: Tal cual sea la vida, así será la partida de este mundo. Dichosos nosotros si sabemos valorar el tesoro de los tesoros:
nuestra fe católica, viviendo unidos a Jesús con el corazón fijo en el Cielo, amando, sirviendo, facilitando la vida de cuantos más podamos, convencidos de que si tratamos de anticipar el Cielo a nuestro prójimo, aseguramos nuestra eternidad feliz.

J. Luis Alonso OAR

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