
Había mucho ruido en la naturaleza, confusión y extremo desastre, hasta que una pequeña semilla gritó: debemos organizarnos, el mundo nos necesita, el planeta ya no aguanta más. Una gran guacharaca que estaba sólo ocupada en tragar semillas y más semillas de frutas, se rio burlona diciendo: estas insignificantes y pequeñas semillas se creen la gran cosa.
En ese congreso participaban todo tipo de semillas; las orgullosas y las egoístas dijeron que no contaran con ellas porque estaban bien y no querían problemas, las semillas que tenían muy baja la autoestima no se sintieron capaces ni de pensarlo y se salieron de la reunión.
La madre de muchas semillas pregunto muy decidida: ¿qué podemos hacer para ayudar? Se hizo un silencio emocionado para conocer el plan de rescate del planeta. Le respuesta era simple, pero dejó mudos a casi todos… Para ayudar debemos dejarnos perforar.
Los comentarios fueron muy variados; a las semillas que usaban zarcillos, les pareció muy normal, asegurando que por la moda vale la pena cualquier cosa, otras no estaban dispuestas a tener el más mínimo sufrimiento, ni siquiera con anestesia. Era una decisión libre y de acuerdo a las condiciones de cada uno, por eso se hizo un gran plan donde unas serían perforadas y otras no, pero todas las semillas que aceptaran, serían alimento y podrían cambiar al mundo. Las semillas de caraota, garbanzo, frijol y demás legumbres, apoyarían para alimentar el cuerpo y las semillas de palmera, parapara y camándula; entre otras de una inmensa lista, para alimentar el alma.
Un garbanzo se imaginó bien preparado en un delicioso plato que alimentaría el cuerpo, pero pidió que le aclararan el proyecto, porque no entendía cómo podía una semilla alimentar el alma. Una paloma muy brillante y blanca se posó en medio y comenzó a explicar cómo harían para alimentar las almas. Dijo así: la creación entera es como un gran rosario, donde cada cuenta es importante y está unida por el amor. Todo lo que existe debe dar gloria a Dios, por eso las cuentas grandes nos recuerdan los misterios de Jesús, su sacrificio por todos. Hay un equilibrio natural, la obra perfecta de Dios que todo lo ha hecho para que disfrutemos la maravilla de la creación, pero el egoísmo y el mal rompen la cadena del amor y todo se desajusta y comienza la destrucción.
Cada semilla perforada ensartada a otra semilla, con nuestro pequeño sacrificio, que nos une a Cristo, será invencible, tendrá el poder de la oración; se convertirá en un rosario en las manos de cada persona que se deje mover por el Espíritu Santo. El secreto revelado es que nuestra oración de la mano de la Virgen María llega directo al cielo y transforma los corazones, protege al mundo y nos hace vivir en la armonía de los hijos de Dios. En cada rosario bendecimos a Dios por la rutina del sol que sale cada día, por las aguas del río que van por su cauce natural, por los peces y las aves, por todo lo creado. En cada rosario oramos por la conversión los que destruyen la obra de Dios con la indiferencia, el odio y la guerra. Rogamos para que seamos capaces de valorar, respetar y cuidar el gran regalo de la vida. Rogamos para que la semilla de la fe se fortalezca, porque sólo amando a Dios se amará y defenderá su obra.
Las semillas que felices aceptaron la misión, recibieron la brisa del cielo que las impulsó a caer como lluvia bendita en las manos de un niño de corazón limpio, sin contaminación por el odio. El pequeño hizo un gran rosario de semillas de esperanza, con esa cadena de amor entre Dios y el alma que nunca debe romperse.
Es importante cada pequeño sacrificio unido al de Jesús, que se dejó perforar por los clavos en la cruz para salvarnos. Nuestra oración puede parecer sólo una gota de agua limpia en un planeta enfermo, pero esa gota puede transformar y mover corazones y acciones sencillas de cada día, que vayan al rescate de lo que Dios ha creado y puesto en nuestras manos para que colaboremos en su obra de creación.
Ina O.P.
